Hace tiempo que sospechaba que la justicia en España era un auténtico cachondeo, como dijo en su día el alcalde de Jerez, pero ahora ya no tengo duda alguna. He seguido el juicio contra Camps, y he sentido vergüenza al escuchar las grabaciones que demostraban la turbia relación del expresidente Valenciano con los siniestros personajes de la trama de corrupción que dirigía Correa. Las pruebas en su contra son tan claras, y resulta tan evidente el compadreo entre Camps, Costa y los jefes de la banda mafiosa, que el veredicto de absolución del jurado me resulta escandaloso.
Es un día muy triste para los Valencianos que creemos en la justicia con mayúsculas y esperamos el momento en que los responsables de la ruina de nuestra Comunidad respondan por sus pecados, que todos conocemos: corrupción, malversación, derroche y quiebra económica como consecuencia de una gestión absurda, desastrosa.
Es inadmisible que quienes deberían encargarse de administrar justicia en el Estado se dediquen, como se están dedicando en España, a proteger a los culpables y perseguir a quienes les acusan, jueces valientes y honestos a los que sus propios compañeros intentan apartar de la carrera judicial, para facilitar que la injusticia campe a sus anchas, e imponer la desprotección del ciudadano.
Si Camps es honrado, como ha sentenciado la justicia a pesar de las contundentes pruebas en su contra, lo justo es que vuelva al cargo, que continúe con sus vergonzosas charlas y trapicheos con su amiguito del alma, mientras hunde en la miseria y el oprobio todavía más, si es que esto fuera posible, la Comunidad a la que representa, para vergüenza de muchos.
