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Posts Tagged ‘elecciones autonómicas’

Todos los pueblos celebramos nuestro “día de”, una fecha importante de la que nos sentimos orgullosos. Generalmente, conmemoramos alguna gesta heroica, un hecho trascendente, un acontecimiento memorable que en un momento preciso del pasado cambió nuestra historia, nos hizo más fuertes y nos unió definitivamente en torno a un proyecto colectivo de ciudadanía.

Existen también momentos poco dignos de ser rememorados por la historia de los pueblos, sucesos inconfesables, “hazañas” de  las que nos sentimos poco orgullosos y esperamos que recuerden las generaciones futuras, para no repetirlas.

El 22 de mayo puede convertirse en uno de esos días para no olvidar en nuestra Comunidad.

¿Qué padre confesará a su hijo, sin ruborizarse, que votó a Camps, sabiendo lo que sabemos, a dos pasos del banquillo, imputado por corrupción?

¿Qué familia exigirá a sus hijos un comportamiento honesto, una actitud digna ante la vida, una conducta ejemplar, después de avalar con su voto a un personaje como Camps?

¿Quién no sentirá vergüenza cuando exija a otro respeto, cuando reclame justicia, cuando pida honestidad, después de votar a Camps?

Tenemos en nuestras manos la gran oportunidad de hacer que el día 22 sea en nuestra Comunidad el día de la vergüenza, o el día de la dignidad.

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Iniciaba mis estudios de Magisterio en Cuenca el año que murió Franco. Me hospedaba junto a otro compañero en casa de una pareja de jubilados, que nos acogieron  con muchísimo cariño, y a los que siempre recuerdo. Durante los años de carrera llegamos a formar una auténtica familia: discutíamos, nos reconciliábamos, nos separábamos en vacaciones, y añorábamos luego volver a encontrarnos. Muchas noches, después de cenar, jugábamos al mus, que le encantaba al tío Pedro; pero lo que más hacíamos era hablar, ellos nos relataban cómo había sido su vida de trabajo duro en el pueblo y nosotros les contábamos nuestros proyectos de futuro.

Llegamos a conocernos bien, o eso creía, hasta que comenzó aquel espectáculo mediático de la larguísima agonía del Caudillo y los partes diarios del “equipo médico habitual”. Cada noche veíamos juntos el Telediario y, a medida que se acercaba el previsible final, aumentaba el nerviosismo del tío Pedro y la señora Petra.

El día que falleció  Franco lloraron desconsolados. Pensé que lo sentían muchísimo, y no lo entendí; habíamos hablado tanto de falta de libertad, censura, atropellos, injusticias, abusos de poder.

Después, descubrí que su llanto no era por el fallecido, o no solo por él, sino porque estaban convencidos de que era inevitable una nueva guerra civil. Recuerdo su explicación, a lo mejor no estábamos bien, pero tampoco estábamos tan mal, y, a partir de ese momento, estaríamos peor. Habían vivido tanto tiempo bajo la dictadura que se habían acostumbrado a ella.

Han pasado muchos años, y, sin embargo, vivo ahora en Valencia una situación similar. Discuto con amigos y conocidos el estado de falta de libertad, censura, injusticia, manipulación, corrupción y continuo abuso de poder que padecemos en la Comunidad, y la necesidad de superar esta etapa, buscar algo diferente, liberarnos.

No lloran, como el tío Pedro, pero muchos de ellos, después de compartir mi descontento y mostrarse de acuerdo con mis quejas, argumentan de manera parecida a como lo hacía él: ¿Cambiar?, ¿es que vamos a estar mejor con otros? Si todos son iguales.

Puedo entender los motivos por los que al tío Pedro parecía ilusionarle tan poco el cambio de régimen hace treinta y seis años, pero me resulta incomprensible que haya hoy personas que no estén ilusionadas con un cambio de gobierno en Valencia y se muestren a favor de apoyar con su voto, el día 22 de mayo, la continuidad de una administración objetivamente tan nefasta como la de Francisco Camps.  ¿Esta vez, lo hacen por miedo, apatía, o ignorancia?

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¿A quién se le ocurrió aquella estupidez de que “el pueblo no se equivoca y siempre sabe lo que vota”?

Si hacemos caso de las encuestas sobre intención de voto de los Valencianos para las próximas elecciones autonómicas y municipales, el Partido Popular obtendría de nuevo la mayoría absoluta; es decir, que los ciudadanos de nuestra Comunidad volveríamos a confiar mayoritariamente en el partido político cuyo gobierno nos ha llevado a la ruina económica, ha desatendido las necesidades sociales más elementales, nos ha situado a la cabeza en las listas de destrucción de empleo del Estado, ha convertido la educación de niños y adolescentes en un auténtico cachondeo, ha privatizado una parte importante del sistema sanitario, ha creado, según apuntan todos los indicios, un estado de corrupción vergonzoso, ha instaurado la censura de los medios de comunicación públicos y de las manifestaciones artísticas, y ha generado un nivel de enfrentamiento social inadmisible.

Si a todo esto añadimos que ha instaurado la mentira, la ocultación y la desinformación como principales señas de identidad de su tarea de gobierno, ¿mantendrían ustedes todavía la validez de la proposición del principio?

Me quedo con aquella otra atribuida a Einstein: “sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y no estoy tan seguro de la primera”.

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